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Los años de la señorita Celia-we

«Los años de la señorita Celia», el libro que describe nuestra “Casa de los Siete Balcones´”

El autor almeriense, Pedro Asensio Romero, narra con maestría en su libro «Los años de la señorita Celia» la llegada de Celia Viñas a la Almería de 1943, cuando la poetisa aprueba las oposiciones a catedrática de Literatura y emprende un largo viaje desde Palma de Mallorca, donde reside su familia, hasta nuestra ciudad.

Durante más de 300 páginas, el escritor describe el enorme impacto académico y cultural de su llegada en la sociedad de la época. Asensio explica cómo fueron los encuentros de la escritora con personajes ilustres de la época tales como Jesús de Perceval, Eugenio D’Ors, Hipólito Escolar, Francisco Saiz, Luis Úbeda y Manuel del Águila, autor, entre otras, de Peteneras de la orilla, el Zorongo de la Luna, Campanilleros de Cabo de Gata o Si vas pa la mar e inquilino de la que ahora es nuestra «Casa de los Siete Balcones». Durante todo un capítulo, Asensio describe la relación de amistad y vecindad del compositor y la literata, con quien llegó a crear en 1950 una pieza musical de Navidad. «Semanas después conocería a su primer vecino, Manuel del Águila, joven solitario, nadador y amante de la música, que trabajaba como administrativo en el Servicio Nacional del Trigo», relata el autor.

– ¿Dónde vives?, le preguntó a Celia una mañana cuando tomaban el sol en la Playa de San Miguel.

– En el Hostal La Rosa

– Vaya, somos vecinos. Mi casa se encuentra muy cerca, al principio de la calle.

– ¿Marco?

– No, Granada, en la parte opuesta de la manzana.

Manuel vivía en la “Casa de los Siete Balcones”. Para acceder se daba aviso mediante una campanilla. Un sencillo mecanismo de poleas conectaba la primera planta mediante una cuerda que caía sobre el tiro de escaleras hasta accionar el pomo de la cerradura», continúa.

«La escalera, de mármol blanco y peldaños pulidos ascendía hasta un hogar colmado de acogedoras salas y entrañables rincones». «En los balcones de la terraza y entre paredes cubiertas de azulejos esmaltados con dibujos arabescos que imitaban patios de ciudades africanas del Protectorado Español, vistosos maceteros encalados de jazmines, yedras y geranios ornamentaban la presencia de un enigmático árbol chino»…